Parte de mi creción intelectual, incluido en mi libro titulado:
Así he pensado siempre:

Nunca veas el tiempo tan breve ni tan tarde la hora para emprender una jornada que entiendas importante y necesaria para ti.
........

La verdad depurada no se comprende. Se asume como tal.
.........

La verdad es la esencia del concepto, adecuadamente pensado y concebido. La falsedad no es otra cosa que la imagen de la sinrazón. La verdad es como la luz, que brilla; es sin duda la más perfecta herramienta del ser humano para encarar conflictos conceptuales. Si en un diferendo los actores permiten que emerjan los criterios de verdad, de seguro que la solución del problema fluye sin la menor dificultad. En cambio, si ella (la verdad o la razón) fuere ocultada o borrada del plano reflexivo, de seguro que la solución será simplemente una ficción.
............

El trabajo honrado dignifica al hombre, y el cumplimiento de su deber lo engrandece.
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Las veces que yo he reconozco que he cometido un error en mis acciones o en mi manera de pensar, lo he hecho siempre y sobre todo, por reconocimiento y por respeto a la verdad, que es el más limpio camino que puede conducirnos al Cielo.
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A quien me lea, les doy este humilde consejo: Siempre que puedas, y bajo cualquier circunstancia que fuere, ahórrale sufrimiento a tu prójimo.
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Prefiero que mis rivales se mueran por mis triunfos, pero jamás con mis fracasos.
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Las palabras humildes y sencillas de nuestros ancianos, son como el bastón de los sabios, a los cuales, como el sostén de su sabuduría, los mortales que marchamos tras ellos debemos aferrarnos y recostarnos, si no queremos caer.
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Unicamente aquellos individuos que entienden lo que es el precio de la vida, son capaces de asumir como una causa noble y justa la libertad del ser humano.
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quien tiene un buen perro en casa, no debe tener un buen amigo. Sin olvidar que un buen perro muchas veces vale mucho más que diez malos amigos.
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El verdadero amor no nace del viento; nace del gran amor divino. Nace del fondo del corazón de aquellas almas que anhelan o se consdidran ser hijas de Dios, y ven la vida humana como un vedadero teroso divino.
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Lamento contradecirle al gran sabio Confusio, quien dijo que "la mayor gloria del hombre consiste en nunca haber tropezado, sino en saber levanarse cada vez que tropieza", a quien yo en cambio le respondo diciendo: que en realidad tal gloria se halla en el hecho de (el propio hombre) poder preverlos, prevenirlos y saber removerlos del camino, antes de que tales obstáculos le hagan tropezar en su marcha.

(Leer Blog TRAS LA VERDAD: WWW.verdadesmtinales.blogspot.com)






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Canto al municipio de Cristobal

Canto al municipio de Cristóbal

Autor: Julio Gómez Féliz
(Cabraleño)
I
¡Salve pueblo de Cristóbal!,
Tierra nuestra y centenaria,
de hermosos recuerdos y rico historial.
Fuiste la primera de este sur lejano
que gravó en sus manos un lindo ideal…

II

¡Cristóbal, hermoso Cristóbal...
mi añorada cuna de ayer;
de mujeres bellas junto al litoral
donde la laguna, cual otra ninguna,
resplandece hermosa allá en el brisal.

III

Llevas el orgullo, llevas la bandera
roturando el surco de tierra feraz;
y allá en la distancia las lindas canteras
de viejos recuerdos de yeso y de sal,

IV

Cristóbal glorioso, cuna de Los Plata,
tierra promisoria y ejemplo de amor;
eres forjadora de esa flor innata
que forja una Patria y un mundo mejor.

V

Cristóbal, pueblo de conciencia,
de lucha, de historia y valor,
en la hora hermosa de la Independencia
le dite a la Patria de ti lo mejor.

VI

Fuiste en la frontera quizás la primera
que elevaste el grito de la libertad,
y en el monte adentro abriste trinchera
junto a la bandera y un grito de Paz.

VII

Cristóbal, mi inolvidable cuna,
donde el aire suave de nuestra laguna
canta en el brisal…
Tu hermoso paisaje de aves y de espuma,
como tú ninguna…. Eres sin igual.


Fin.

NOTA: El autor de este Himno a Cristóbal, (Julio Gómez Féliz) es nieto de una distinguida dama cristobalense, de nombre Ana María Peña (a) Senona; quien era la madre de mi madre Maria del Carmen Féliz Peña --según consta en su acta de nacimiento de mi madre, No. 2069, registrada (en el municipio de Cabral) con el No. 570, libro 3, folio 170, y además soy biznieto de otros dos prestantes y honrados cristobalenses, de nombres: Pedro Juliana Peña y Gregoria (apodada Goya), quienes eran padres de mi abuela Ana María Peña (Senona).
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HISTORIA ECONOMICA DE BARAHONA

“The Barahona company” y el Desarrollo de Barahona

Autor: Julio Gómez Féliz

Escritor-Comunicador-CDP- de Barahona.

Cuando “The Barahona company” –empresa comercial de matrícula norteamericana-- se instaló en Barahona en la primera década del siglo XX, lo cual sucedió cinco años después, aproximadamente, de ésta población marítima haber sido elevada a la categoría de provincia (año 1907), Barahona (en el Barahona urbano, por supuesto) no era más que una pequeña villa con una escasa población, concentrada en una reducida cantidad de viviendas un tanto rústicas. Se trataba entonces de una ciudad en ciernes.

Eso es lo que se conoce, a juzgar por la visión que tienen y que nos dan muchos barahoneros que vivieron en esa época.

Fue a partir de la primera década del siglo veinte (XX) cuando comenzaron a ser construidas las primeras casas de concreto, más precisamente de mampostería; de las que ya para el año 1923 habían sido edificadas alrededor de una docena, en puntos específicos del casco urbano de la incipiente ciudad caribeña.

Volvamos a “The Barahona company”; Fue a partir de la inauguración y entrada en operaciones del ingenio Barahona, propiedad de dicha corporación transnacional, cuando Barahona comenzó a alcanzar y a producirse un cierto impulso (que al paso de los años fue haciéndose más notable y efectivo) de la economía, no sólo del casco urbano, sino incluso de toda la provincia, que entonces era como decir la región, puesto que la provincia abarcaba a poblaciones distantes como Pedernales, Jimaní y Neyba.

También, con ocasión de la realización de las primeras moliendas producidas por el ingenio azucarero de los americanos, se inició en Barahona una etapa de notable ensanchamiento urbano, iniciada con la construcción de casas de concreto y de madera. Las primeras pertenecían a comerciantes de cierta prosperidad y solvencia económica, que lo eran por ejemplo Manuel González Sánchez, Manuel Tezano, Miguel Pons; Antonio Mota, Luís E. Del Monte (todos ellos de procedencia española). En tanto que de las últimas sus dueños eran moradores de la ciudad de clase media hacia abajo, obreros, medianos y pequeños comerciantes, agricultores, pequeños ganaderos, etc.

En vista de que, para ese período (y hablamos de la década del veinte en adelante) el ejido (de la Común de Barahona) disponía de pocos terrenos propios, de los cuales disponer para destinarlos (donados o en venta) para efectuar las construcciones que el aumento de la población requería en ese momento, muchos de estos sectores medios y bajos de la Común, optaron por ocupar terrenos localizados en la parte alta de la ciudad; se trataba de tierras que en teoría o de boca tenían sus dueños, pero que en realidad eran terrenos sin dueños definidos legalmente (comuneros).

En este período se crearon una serie negocios y de importantes establecimientos comerciales, iniciados por los primeros comerciantes-empresarios que ya desde el último cuarto del siglo XIX se habían instalado en la ciudad portuaria, que lo fue la familia Mota, creados por medianos y pequeños capitalistas extranjeros, de procedencia libanesa, turca, árabe, franceses, españoles, italianos, etc.

Todos esos negocios fueron dinamizados y estimulados primero por la construcción del ingenio Barahona, y segundo por el éxito obtenido por The Barahona Company Corp. con las primeras zafras en la molienda de caña de azúcar, las cuales fueron notablemente exitosas, gracias a los elevados precios alcanzados en ese momento por los azúcares en los mercados internacionales, debido a la alta cotización del dulce.

Esa coyuntura internacional sin duda generó un dinamismo y una actividad comercial en la ciudad tan notable, que obviamente marcó el inicio de una época de notable bonanza económica y social, e incluso cultural en la ciudad, particularmente.

Los americanos, los ejecutivos dueños del Ingenio Barahona y de The Barahona Company Corporation, sus ejecutivos procedieron a habilitar lo que sería convertido y conocido como el sector del Batey central, donde construyeron más de una docena de casas de ladrillo, concreto y madera elaborada, donde alojaron a los principales ejecutivos y funcionarios de la empresa cañera extranjera.

De igual manera, los ejecutivos de la empresa cañera procedieron a construir en dicho sector otras casas de menor calidad, en la que fueron alojados los funcionarios y empleados de mediana categoría (que no eran tantos), como también al personal obreros y braceros que habían sido favorecidos con un empleo en el ingenio azucarero, la mayor parte de ellos emigrantes provenientes de otras islas del Caribe.

6 de noviembre, 2010.

Correo del Blog TRAS LA VERDAD:
WWW.verdadesmatinales.blogspot. com
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FE DE ERRATA

FE DE ERRATA EN ANTERIOR PUBLICACION

En una reciente publicación, realizada en este blog, d/f. martes 4 de enero en curso, titulada “Barahona es más que un concepto”, en el párrafo No. 4 de la misma incurrimos de forma involuntaria en un error, el cual consistió en haberle conferirle la autoría del poemario “Memorial del Muerto” al escritor barahonero Don Federico N. Cuello López (Nene Cuello); lo cual rectificamos, puesto que dicho opúsculo poético es de la autoría del intelectual y poeta Víctor Cuello R., Cuya edición corresponde al mes de marzo de 1994, publicada en la Impresora CD,Graf.. Pedimos exclusas a los lectores de este Blog (TRAS LA VERDAD) y especialmente a su autor, el apreciado amigo y colega Víctor cuello R., --si ha leído esta publicación--, cuyo libro conservamos en nuestro archivo particular.

Tal error fue observado por nosotros, luego de revisar nuestro archivo y determinar el real autor de dicha publicación.

Licdo. Julio Gómez Féliz
Director de TRAS LA VERDAD.
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Aquellos días de mi adolescencia

Julio Gómez F.


Primera Parte.

¡Cuán breve es el tiempo para los mortales! Hoy observo que mis días de oro, que son los años de mi adolescencia, se han ausentado fugazmente, igual que el vuelo de un ave sin retorno.

Eran aquellos, creo, los mejores momentos de mi vida. De esta tierra de tantos recuerdos y tantos instantes de bondades, guardo infinitas e imborrables imágenes y vivencias infantiles, y también sueños y anhelos de tantos muchachos ansiosos de ser héroes y de adueñarse del mundo a cualquier costo.

De Cabral –este pequeño y antiguo territorio, hoy poblado de varios miles de humildes gentes, mujeres y hombres, muchos de ellos pescadores de tradición y labradores de la tierra fértil, que cual lienzo plateado y sin rostro dibujado, se extiende junto al lago dulce y legendario del sur de la Isla Hispaniola--, guardo de él en mi memoria --no sin enfrentar innúmeras adversidades generadas en las precariedades ambientales y culturales que se han interpuesto en la marcha de los años--, lo mejor que he logrado conservar en mi pensamiento de todos aquellos años, cuando apenas era yo un mozalbete juguetón en las aguas del río Yaque, (río histórico y legendario del sur, por cierto), como también lo hacía en las norias de aguas dulces, tan abundantes en Cabral, a las que muchos aquí suelen curiosamente denominarlas ”cabezas de agua”.

Cada una de aquellas cabezas de agua ¡dato tan curioso! Tienen su propio nombre, también legendario y folklórico; como incluso según los más viejos del pueblo, tienen tanto misterio que poseen un alto poder medicinal y curativo.

Recuerdo que en mi niñez, escuchaba las madrugadas los pasos lentos de un cansado, aburrido y no bien tratado caballo, que sumiso estiraba la carreta troteando lento por las calles del pueblo (especialmente en la principal), en las que con voz tenue y constante de arriero práctico (el barrendero del lugar), conocido y tratado por sus conocidos como “Pirito”. Se trataba del único empleado que tenía nombrado el Cabildo para el aseo y la limpieza de la pequeña ciudad; entonces se le oía en las madrugadas ordenarle a su animal; tenia el deber, él sólo y sin ayuda de nadie, de religiosamente barrer y recoger la basura lanzada a las callejas por las poco abundantes familias citadinas que entendían un poco del valor de la higiene y la salud pública, así como de asear el área céntrica del pintoresco y folklórico pueblo rinconero.

En esos años --lo recuerdo--, la basura era arrojada a las calles por las reducidas familias recluidas en las viviendas de madera y palma (no pasaban de tres las techadas de zinc en todo el poblado) que constituían el pueblo. Familias de clase media, por supuesto.

También, en Cabral existía una poco numerosa empleomanía de burócratas estatales: guardias, policías, empleados, pequeños funcionarios, incluyendo los del cabildo, y dirigentes políticos, tal y como existen en la actualidad; sólo que hoy en día son mucho más numerosos los servidores del Estado.

En verdad que uno no alcanza a comprender por qué habiendo en el pueblo cientos de empleados públicos, incluyendo los no menos de trescientos que reciben beneficios del Cabildo local, por lo cual en el municipio ingresa circula cada mes una fabulosa suma masa de dinero, tan suficiente como para que se perciba menos la miseria y la pobreza extrema de mucha gente o del pueblo.

¡Ah!, pero es que en Cabral, en todos sus sectores marginales, han operado y el fenómeno va in c rescindo cada vez con mayor fuerza, decenas de bancas de lotería y muchas bancas de apuestas, como también existen decenas de riferos fijos, hombres y mujeres, y decenas de bares, videos, centros cerveceros, billares, casas de juegos ilegales, casas de citas para parejas y hoteles informales para el amor libre, galleras informales, discretos puestos de venta de droga!.

Guardo en mi memoria las noches de los años 60 y 70 del siglo XX, cuando yo solía despertar en las madrugadas al escuchar el silbido estertóreo de la máquina de Sal y Yeso, que días tras días pasaba próximo al pueblo en dirección al puerto de Barahona, donde más o menos una decena de vagonetas cargadas de sal o de yeso, solían depositaban el mineral. Lo hacían dos y tres veces diario y de noche, a un ritmo incesante y constante.

Muchas veces llegué a pensar –me lamentaba de ello—y aún hoy lo sigo pensando, que esos vagones cargados de sal y/yeso, repetida y multiplicada en toneladas y a un valor de $ 9.50 pesos, que era el valor aproximado de una tonelada de yeso (y a un poco más la de sal), equivalía a miles de millones de toneladas y cientos de miles de millones de pesos el monto de ambos minerales, sustraídos de forma inmisericorde e injusta a los humildes pueblos de Salinas, de Cristóbal y Cabral, dueños únicos y merecedores de dicho importante patrimonio.




¡Pero no! todos esos invaluables recursos, toda esa inmensa riqueza, gran parte de ella debió ser desde el principio ser usada e invertida por los gobiernos d turno a favor del desarrollo y el bienestar de los moradores de los pueblos vecinos, salían de las entrañas de unos pueblos miserables y carentes de bienestar, e iban a parar y a engrosar el patrimonio económico de personas desconocidas, de burócratas que nunca soñaron siquiera ser adinerados.

Entonces, sin entender porqué, sentía entonces una enorme alegría al escuchar la marcha indetenible de la pesada y ruidosa máquina, en tanto yo forzosamente debía levantarme a estudiar las lecciones de las clases de la primaria, la intermedia y la secundaria, ansioso de ser el primero en el curso, sacando unas notas excelentes que muchos compañeros de clase, en competencia, deseábamos obtener; porque si no lo hacíamos, la profesora Luisa Antonia Féliz, del cuarto, por ejemplo, Gloria María Pérez, del sexto, Bienvenido Méndez, del séptimo, de aquellos denodados y consagrados maestros de la primaria, quienes me formaron con tanto celo y espero, que el dolor de sus ocasionales reglasos en las manos abiertas, los sentíamos por varios días. Se trataba de educadores amorosos y entregados a nuestra formación pedagógica.

Para los jóvenes de la época a que me refiero, eran aquellos unos años hermosos, en los que muchos ansiábamos ser en el futuro por lo menos destacados y prometedores profesionales. Tal percepción la tenía yo de mis compañeros Fernando Temístocles Féliz, Romeo Cury, Nelson Nin, Mercedes Acosta, Claudia Lemoniel, Leidis Féliz, Flamarión Batista, Leonidas Batista y otros tantos de mi época.

“¡Qué muchacho éste que se parece a un poeta recitando la clase de memoria!”, solía murmurar de mí en el aula la Profesora Luisa Suárez, quien siempre hablaba con un español castizo y casi perfecto. Los recuerdo cada vez con más cariño al paso de los años!

Yo entonces, sin entender por qué, sentía una enorme alegría cuando escuchaba el ruido matinal de la máquina de sal y yeso; y sé incluso que a esa hora se estaban levantando, para dirigirse al lago dulce, decenas de pescadores del pueblo a realizar su trabajo, el único que la Providencia ha logrado depararles para su supervivencia y como forma de que puedan mitigar su maldad ancestral heredada de sus antepasados, aunque alguien pudiera creer que la han heredado de la propia naturaleza.




No dejaba de atraer y motivar a inquietos y curiosos muchachos como yo, el hecho de ver a los pescadores dirigirse y sumergirse las madrugadas en las aguas frías de la laguna, donde se pasaban horas largas pescando o despescando sus masas y sus corrales, o lanzando (no sin una destreza y una habilidad sorprendente), sus canoas, sus yolas y sus redes; ellos suelen decirles “chinchorros”.

De aquella fura faena los pescadores retornaban unos tras otros, en silencio, unos detrás de otros, en silencio y reflejando en sus rostros y en sus labios un hambre no simulada, que maltrataba sus estómagos vacíos y lacerados. Algunos monologaban con palabras inauditas, como si estuvieran pensando en no retornar al día siguiente y nunca más a la laguna, decididos a no enfrentarse a la misma y dura faena por su propia supervivencia.

No obstante, llegaban a sus bohíos trayendo consigo abundantes cantidades de pescados. Aquí sus mujeres y sus hijos, permanecían largos ratos paradas en la puerta de sus hogares esperando incesante y mirando las aguas del río y de la laguna, a poca distancia, desde donde solían lanzar la mirada, no sólo ansiando en retorno de sus compañeros, sino además para divisar el color azul pálido de las aguas del río Yaque y de la laguna, movidas por un oleaje sinuoso y conservador.

¡Qué vida tan dura y difícil la del hombre cabraleño, sobre todo la de aquellos que nunca tuvieron la oportunidad de ir a la escuela y alfabetizarse, por lo menos lo suficiente como para hacer frente a la dura realidad de la vida! Protesto el hecho de que de tales desgracias se culpe a sus progenitores, pues ellos también fueron iletrados, analfabetos, víctimas del viejo sistema histórico-social que les tocó vivir en su época. Ellos también fueron víctimas y por tanto cosecharon las maldades de la marginación y la exclusión, y lamentablemente debieron traspasarla a las posteriores generaciones.

Todo ello no debió nunca ocurrir, digámoslo con dolor y a viva voz, más no ánimo de derrota y sin sentimiento de esperanza…

Hoy, por ello, nos encontramos siendo parte radical de un pueblito, el nuestro, Cabral –así en diminutivo--, atrapado y envuelto en ese tétrico manto de miseria y de atraso que lo caracteriza, en toda su morfología geográfica; en toda su envoltura histórica, social, moral y cultural…Un organismo físico llamado “pueblo”, en cuyo interior estructural sabemos que lo integran órganos enfermizos o poco alimentados (perdonen el




empleo de todas estas metáforas, pues es con el único interés de transmitir de la manera menos dolorosa tantas desventuras y tantas desgracias que al paso de los tiempos han ocurrido y ocurren en nuestro amado pueblo).

Repito: ¡Qué vida tan dura la del hombre cabraleño!; el de ayer y de hoy, y percibo que quizás también la del cabraleño venidero. Si los que hoy pueden construir un sólido concepto de solidaridad a favor de los oprimidos, ni se colocan de espalda e indiferentes frente al dolor y a la miseria de este pueblo. Las generaciones venideras son nuestra total responsabilidad.

Reconozco que entonces, por mi edad, no entendía ni podría explicarme el porqué sentía yo aquella alegría cuando de madrugada escuchaba el ruido de la máquina de sal y yeso, cuando pitaba con sonido casi irresistible cuando se aproximaba al pueblo por las noches y de madrugada; como tampoco no comprendía la miseria y el dolor que vivían y sentían tantos seres humanos, hombres, mujeres y niños en Cabral y Salinas, y que sólo sabían y podrían sacrificar sus sueños y sus mejores momentos de cada madrugada, para ir a arriesgar sus vidas, su salud de juventud y el calor de sus mujeres y sus niños, en pos de unos cuantos pesos que a duras penas se ganaban pescando en la laguna del pueblo.

No había en realidad otra fuente de vida, y sí existían verdaderas fuentes de la muerte: mucha miseria, mucho alcohol en los bares y en los prostíbulos.

El pueblo era pequeño en aquellos días, y en el curso de los años sigue siendo pequeño: un pueblito, tan pequeño como una ilusión maltratada; en tanto la desilusión de muchos de sus hijos, hombres y mujeres, era y sigue siendo grande.

Pensaba a veces –eso sí--, que la misma máquina, un objeto de metal pero controlado por un operador pobre y trasnochado al servicio de un patrón insensible, se estaba burlando de la miseria de un pueblo a quien ni siquiera se le respetaba su derecho a pasar sus noches tranquilas, y sus gentes laboriosas a disfrutar sus madrugadas de forma placentera en sus hogares paupérrimos.
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La Cultura de Cabral

Segunda Parte

Cabral,
Un pueblo de Leyendas.

El pueblo de Cabral posee en su acervo cultural una muy abundante riqueza, no solo material, sino incluso de la cultura intangible (perceptible o tocable por nuestros sentidos). Aparte de las ya mencionadas, que integran la cultura material, puesto que corresponde a su accionar y a su modo de vida, existen también las leyendas. Conforme a como lo que hemos venido estudiando y recogiendo de la tradición, a través de las narraciones hechas por los más viejos y conocedores de este pueblo, son conocidas en Cabral las siguientes:

La leyenda del Musungo

Creo que muchos cabraleños desconocen, o conocen poco, de todo ese legado legendario de nuestros antepasados; y no es su culpa, sino de quienes, en el curso de siglo y medio han educado a nuestras jóvenes generaciones; de quienes como docentes nos han impartido las clases de Ciencias Sociales. Porque eso de un pueblo tener conciencia –y conciencia clara-- de su realidad histórica, social y cultural, sin duda que ello es obra y responsabilidad de sus educadores, sobre todo.

Y alguien dirá o se preguntará calladamente: ¿Y qué significan y de qué le valen a un pueblo pobre y pequeño, en estos tiempos difíciles eso de leyendas, cuentos, poesías y novelas, si lo que necesitamos es trabajo, comida, ropa, dinero y un poco más de bienestar?...

Y yo diría que sí, que ello en parte es así. Pero que también los pueblos necesitan ser conocidos y calificados en el mundo, y cada uno de nosotros necesitamos ser distinguidos y considerados en cualquier lugar donde pisen nuestros zapatos; y eso sólo nos lo brinda algún sello distintivo, y entre esos elementos característicos que nos distinguen y que nos deben distinguir como habitantes cabraleños, en cualquier lugar del planeta, fuera de este pueblo, se hallan nuestra costumbres, nuestras creencias, la expresión de nuestros gustos y nuestros sentimientos; es lo que poseemos como acervo cultural, como por ejemplo laguna Rincón (ya la describimos) como una pequeña porción de agua dulce, bella, rica e incomparable en las antillas, la que les da vida a miles de hombres y mujeres pobres del sur de la República, incluidos a nosotros los cabraleños.

De igual forma somos conocidos por las cachúas, ese pintoresco juego con disfraces multicolores de una autóctona indiscutible. La cachúa constituye una gran riqueza cultura que es orgullo de todos los cabraleños. Ese valioso patrimonio debemos conservarlo a cualquier precio y no dejarlo perder ni mucho menos que por la competencia de calidad se le relegue al plano del desconocimiento.

Y digo todo esto porque de seguro que en los años venideros tendremos que observar un país (el nuestro) saturado de carnavales, de desfiles de carrozas y todo tipo de juegos y eventos culturales y folklóricos novedosos; donde hasta los pueblos más pequeños entrarán en competencia cultural y en las artes, por la primacía. Porque el arte, en esta sociedad globalizada, de la Informática, de las Tecnologías, cada individuo, cada persona, cada pueblo, pequeño y grande, deberá necesariamente que crear instrumentos y medios creativos para generar bienes, riquezas, grandeza, nombradía para sobrevivir y para desarrollarse, a la vez que todo ello servirá para ensanchar las relaciones en este mundo llamado por Marshall Maglujan como “La Aldea Global”.

Y en esta incesante carrera, en estas competencias por la mejoría, los pueblos y las personas que se resaquen, que marchen lento y no logremos superarnos, nos quedaremos atrás y otros nos sustituirán y ocuparán el bien ganado espacio que nos merecemos y aspiramos. En eso, afortunadamente, los cabraleños hasta ahora hemos tenido en eso de nuestros juegos folclóricos.

Volvamos con las leyendas. En eso este pueblo de Cabral ha sido sumamente rico; aunque se han perdido muchas leyendas, narraciones e historias legendarias. Las que hemos logrado salvar del polvo del tiempo, nos las han legado nuestros antepasados traídas hasta aquí de boca en boca, es decir, a través de la tradición oral. Nada se había escrito hasta ahora. Welter, Dioris Fèliz y Julio Gómez somos los que nos hemos dado a esa difícil tarea de escribir y producir o reproducir las cosas atañas de nuestro pueblo; entre ello nuestras leyendas y nuestras historias guerreras, míticas e incluso místicas muchas.

Yo les aseguro que el contenido de las leyendas de nuestro pueblos no debemos verlas con recelo o desinterés, porque ellas hablen de cosas que Uds. no las entiendan o que parezcan irreales; porque lo cierto es que de alguna forma ellas contienen una cierta carga o contenido de las cosas que nuestros viejos vivieron, sintieron y creyeron… y subrayo creyeron… Las leyendas narran lo que decían los viejos acerca de lo que ocurría a su alrededor, de aquello que contaban los brujos del pueblos, los curanderos, los sabios, los que creían en Dios y hasta de quienes no crían más que en sus cosas fetichistas… Pero esas son sus historias. No podemos rechazarlas, porque así posiblemente neguemos y rompamos con esa relación espiritual con nuestros viejos, aquellos que crearon este pueblo.

Prohibida la altegrción total o parcial, sin la autorización de su autor.
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EL CABRAL QUE AÑORE EN MI ADOLESCENCIA, PRIMER TRABAJO.

Aquellos días de mi adolescencia

Julio Gómez F.

¡Cuán breve es el tiempo para los mortales! Hoy observo que mis días de oro, que son los años de mi adolescencia, se han ausentado fugazmente, igual que el vuelo de un ave sin retorno.

Eran aquellos, creo, los mejores momentos de mi vida. De esta tierra de tantos recuerdos y tantos instantes de bondades, guardo infinitas e imborrables imágenes y vivencias infantiles, y también sueños y anhelos de tantos muchachos ansiosos de ser héroes y de adueñarse del mundo a cualquier costo.

De Cabral –este pequeño y antiguo territorio, hoy poblado de varios miles de humildes gentes, mujeres y hombres, muchos de ellos pescadores de tradición y labradores de la tierra fértil, que cual lienzo plateado y sin rostro dibujado, se extiende junto al lago dulce y legendario del sur de la Isla Hispaniola--, guardo de él en mi memoria --no sin enfrentar innúmeras adversidades generadas en las precariedades ambientales y culturales que se han interpuesto en la marcha de los años--, lo mejor que he logrado conservar en mi pensamiento de todos aquellos años, cuando apenas era yo un mozalbete juguetón en las aguas del río Yaque, (río histórico y legendario del sur, por cierto), como también lo hacía en las norias de aguas dulces, tan abundantes en Cabral, a las que muchos aquí suelen curiosamente denominarlas ”cabezas de agua”.

Cada una de aquellas cabezas de agua ¡dato tan curioso! Tienen su propio nombre, también legendario y folklórico; como incluso según los más viejos del pueblo, tienen tanto misterio que poseen un alto poder medicinal y curativo.

Recuerdo que en mi niñez, escuchaba las madrugadas los pasos lentos de un cansado, aburrido y no bien tratado caballo, que sumiso estiraba la carreta troteando lento por las calles del pueblo (especialmente en la principal), en las que con voz tenue y constante de arriero práctico (el barrendero del lugar), conocido y tratado por sus conocidos como “Pirito”. Se trataba del único empleado que tenía nombrado el Cabildo para el aseo y la limpieza de la pequeña ciudad; entonces se le oía en las madrugadas ordenarle a su animal; tenia el deber, él sólo y sin ayuda de nadie, de religiosamente barrer y recoger la basura lanzada a las callejas por las poco abundantes familias citadinas que entendían un poco del valor de la higiene y la salud pública, así como de asear el área céntrica del pintoresco y folklórico pueblo rinconero.

En esos años --lo recuerdo--, la basura era arrojada a las calles por las reducidas familias recluidas en las viviendas de madera y palma (no pasaban de tres las techadas de zinc en todo el poblado) que constitúyanle pueblo. Familias de clase media, por supuesto.
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